Hace poco tiempo se puso en conocimiento colectivo que el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) destinaría USD 9.000 millones (equivalentes a 28.847 mil millones de pesos colombianos) para impulsar el desarrollo de Colombia en el periodo 2026-2030. Esta inversión se ejecutará bajo el reto de orientar los recursos hacia 4 ejes fundamentales (CAF, 2026):
- 1Seguridad energética.
- 2Infraestructura para la productividad.
- 3Prosperidad e inclusión social.
- 4Presencia y fortalecimiento territorial.
En esta serie de publicaciones se abordará lo que significaría responder de manera oportuna a estos cuatro pilares en Colombia. En este documento se inicia por el eje de seguridad energética. Los retos más apremiantes son: (1) adaptabilidad energética ante el cambio climático y fenómenos críticos, (2) introducción de nuevas fuentes de energía y disminución del uso de fuentes no renovables, (3) conectividad energética de la población, (4) cultura sostenible y (5) energía, salud humana y planetaria.
La matriz energética de Colombia
La energía eléctrica siempre ha sido un ámbito fundamental para el desarrollo humano y un tema álgido en los debates sociopolíticos. Para explorar este aspecto (o el porqué sentimos ese afán, miedo y anhelo alrededor de la economía energética), vale la pena empezar por una mirada general a la matriz del país.
Colombia brilla por su alto porcentaje de fuentes hidráulicas: más del 60% de la capacidad instalada con la que cuenta el país, gracias a los potenciales hídricos que brinda la geografía nacional, cubriendo hasta el 80% del país en su máxima capacidad (La Silla Vacía, 2026). Otros tipos de energía generada en Colombia corresponden a la térmica —que produce energía por medio de combustibles fósiles— en un 30%, y en menor porcentaje a energías como la eólica y la solar (AES Colombia, s. f.).
Matriz energética colombiana
Participación aproximada por fuente en la capacidad instalada (%). Pasa el cursor sobre cada porción.
El informe de balance energético colombiano cuenta que en Colombia, hasta 2024, los sectores de transporte, industria y sector residencial concentraron el 79% del uso energético; siendo el suroccidente del país el que tuvo más consumo de recursos energéticos como el combustible líquido, la energía eléctrica y el gas natural.
La energía juega un papel indispensable en el día a día y así mismo, está presente en todas las actividades humanas: en las siguientes gráficas se encontrará cómo se divide el consumo final energético de los colombianos por sectores:
Consumo final de energía por sector y energético, 2024
Cada torta muestra la mezcla de energéticos del sector. Pasa el cursor sobre las porciones. Consumo final total del país: 1.498.690 TJ.
Los sectores “No energético” y “No identificado” no tienen desagregación publicada por tipo de energético.
Incidencia de la energía eléctrica por sector
Participación de la energía eléctrica en el consumo de cada sector (%).
Estos datos permiten evidenciar la importancia que tiene la energía para distintos sectores de la población colombiana, además de mostrar la dependencia a los combustibles fósiles.
1. Adaptabilidad energética ante el cambio climático y fenómenos críticos
Como se sabe, el ingreso del fenómeno del Niño es una realidad para el país y una a la cual hay que estar preparados. Este evento se caracteriza por el aumento de las temperaturas, lo cual compromete los recursos hídricos de los cuales depende el país para la generación de energía. Como se vio, la matriz energética es altamente dependiente del agua y, debido al aumento de las temperaturas, los caudales y proporciones de las fuentes acuíferas disminuyen, provocando una reducción en la producción de energía.
Al reducirse la generación energética por medio del agua, las energías térmicas (carbón y gas) tienen que suplir el déficit energético, lo que traduce en un aumento de la producción y uso de estas fuentes para suplir las necesidades diarias de la población. En ausencia de capacidad eléctrica para las demandas diarias, hasta el momento, la energía generada por el petróleo y el gas juega un papel indispensable para el consumo energético de la sociedad. Pero este tipo de energía tiene una particularidad: la emisión de gases de efecto invernadero, que, como se sabe, es uno de los factores causantes del calentamiento global, el incremento de fenómenos ambientales críticos, deterioro ambiental disminución de la calidad de vida humana y animal.
Pero la pregunta es: ¿qué pasa con las otras fuentes de energía?
Aunque el país ha hecho esfuerzos valiosos para incrementar la producción de energía por medio de fuentes no convencionales (eólica, solar, etc.), lastimosamente, los avances son escasos para poder considerar este tipo de alternativas como un recurso plenamente competitivo ante una situación crítica a comparación de los combustibles en tipo fósil. Además, como revisamos en el “balance energético colombiano”, aún varios sectores del país dependen del uso de combustibles fósiles para sus actividades y los esfuerzos institucionales para implementar energías distintas aún siguen siendo un reto para cada sector.
Un término importante para entender la discusión entre energías limpias vs energías fósiles es la "energía firme": este concepto indica la capacidad que tienen los diferentes tipos de energías para producir en cualquier momento (día y noche) el suministro de energía, sin importar las condiciones. Las energías proporcionadas por fuentes no convencionales (la solar y la eólica) dependen en gran medida de condiciones climáticas para generar su producción; por lo tanto, el suministro continuo de energía se ve limitado a cuando las condiciones climáticas oportunas se presenten. Es por esto que, en muchos casos, esta tipología de energías no se consideran fuentes de energía firme: dependen de variables ambientales para su funcionamiento, en comparación con el petróleo y el gas, que son fuentes firmes de energía debido a que sus plantas pueden estar en funcionamiento todo el tiempo.
Sin embargo, es necesario comentar que las energías limpias han permitido la producción de energía en territorios apartados donde las condiciones ambientales son optimas, abriendo la posibilidad a la innovación, la exploración de la tecnología en distintos ámbitos, la mejora en la calidad de vida, el incremento de producción económica y la disminución de gases de efecto invernadero.
Cada vez, fenómenos como el del Niño, se presentan en periodos de tiempo más cortos y más extensos. Por eso se hace necesario la construcción de políticas e incentivos que permitan responder de manera efectiva a situaciones críticas en materia energética, garantizar el acceso energético continuo, fortalecer mecanismos de ahorro para sectores clave y evitar el uso de combustibles fósiles. Además, como ciudadanos dedemos estar alerta a que discursos en momentos críticos como el actual, legitimen la exploración de gas o petróleo de forma arbitraria que no responda a las necesidades energéticas del país, sino a fines meramente económicos. Cada vez las presiones ambientales sobre el ser humano serán más fuertes y, debido a las condiciones planetarias que tenemos, las políticas para mitigar estas problemáticas se harán cada vez más radicales debido a que la misma solución representa el principal problema del calentamiento global (uso de recursos fósiles). Pensar nuestra matriz energética a largo plazo es una solución que nos blindara económicamente en un futuro.
2. Introducción de nuevas fuentes energéticas
Los últimos gobiernos han dedicado esfuerzos importantes a invertir en energías limpias; sin embargo, algunos proyectos no han concluido en los tiempos establecidos debido a consultas previas, reprocesos de licencias ambientales, demoras en las redes de expansión y incertidumbre regulatoria. Los proyectos son prometedores pero aún no son suficientes para responder de manera eficiente a la demanda energética cada vez más incremental del país.
Para poder entender las distintas direcciones en las que el sector público y privado puede intervenir en la introducción de nuevas energías, es necesario comprender qué tipos de energía existen en el mercado, cuáles producen de manera constante y cuáles tienen un costo de carbono bajo.
Explora cada tipo de energía
Toca un icono para conocer cómo funciona y si es una fuente firme.
Aprovecha el calor natural del interior de la Tierra para producir electricidad de forma ininterrumpida, sin emisión directa de carbono. Su gran ventaja es la estabilidad: no depende del clima ni de la hora del día (IEA, 2024).
3. Conectividad eléctrica de la población
La energía es un elemento transversal en todos los aspectos de la cotidianidad: está en los cultivos, en el uso constante de herramientas tecnológicas y está presente en la salud, educación y alimentación, entre otros aspectos que recorren desde el ocio hasta lo más básico para la subsistencia humana.

“9.941.250 personas en Colombia aún no gozan del acceso a la energía: el 20,6% de la población.”
Actualmente, el índice de pobreza energética en Colombia (2025) muestra que los indicadores descendieron 1,7 puntos comparado con el registrado en el 2024 (22,3%). Esto implica que 227.532 hogares colombianos tienen energía y salieron de esta condición. Sin embargo, estas mejoras siguen siendo insuficientes para el 20,6% de la población colombiana que aun carecen de este recurso, en promedio y tomando como referencia el último censo realizado por el DANE, equivaldrían a 9.941.250 personas que no gozan del acceso a la energía. Entre los municipios que tienen mayores necesidades energéticas se encuentran Vichada, Vaupés, La Guajira, Guainía, Amazonas, Chocó y Putumayo. Si bien estos departamentos son los más impactados por la medida, todos los demás albergan una proporción de este indicador.
Pobreza energética: una caída de 1,7 puntos
Porcentaje de la población en condición de pobreza energética.
IPEM 2025: incidencia de pobreza energética por departamento
Índice de Pobreza Energética Multidimensional (IPEM), % de hogares afectados. Color según quintil de incidencia. Pasa el cursor sobre un departamento para ver su cifra.
3.1 Energía para las ciudades y municipios
Las ciudades son y han sido un foco importante de consumo de energía. El fenómeno del Niño muestra la relación entre el calentamiento del planeta y el aumento del consumo energético en las regiones. Como se sabe, el calor incrementa el uso de sistemas de refrigeración para regular la temperatura del cuerpo humano y de los alimentos; por lo que regiones calurosas como el Caribe colombiano registran incrementos en índices de consumo energético (Portafolio, 2026). Además, por inferencia de conducta humana, el calor incrementa la ingesta de agua potable y el aumento del uso de transporte público y privado.
Es necesario repensar la forma en que se pueden adaptar las ciudades a crecientes aumentos de temperatura. No solo es cuestión de preparar eventos como el fenómeno del Niño, sino también de responder al incremento sostenido de temperaturas debido al calentamiento global. Esto implica destinar recursos que posibiliten la construcción de infraestructura sostenible en todos sus procesos y un manejo adecuado de desechos. Además, es necesario pensar en mecanismos que logren mejorar la movilidad de pasajeros, la calidad del aire y la seguridad vial, así como la reducción de gases de efecto invernadero y la congestión vial.
Como se ve, trabajar por la electricidad no solamente depende de cómo se produce, sino de cómo encontrar distintas estrategias que permitan adaptarse a las nuevas condiciones ambientales. Por eso, trabajar en el diseño de ciudades biodiversas y resistentes no solo implica pensar si será posible o no generar la suficiente energía para mantenerlas, sino empezar a ver estrategias que, como sociedad, permitirán responder a los nuevos fenómenos ambientales, ahorrar energía, proteger el ambiente, la salud y la economía humana.
4. Energía, salud humana y planetaria
Como sabemos, todo acto tiene su consecuencia y la expansión energética tiene un alto impacto en el medio ambiente debido a la extracción de recursos naturales, uso del suelo y la fragmentación de hábitats. Unos cuantos ejemplos de esto son (Nabalia Energía, 2018):
Debido a la quema de combustibles fósiles, como el carbón o el petróleo, generan emisiones de CO2, causando una contaminación atmosférica que deriva en un efecto invernadero global y lluvia ácida.
Las centrales nucleares producen residuos radioactivos altamente contaminantes, de difícil y costoso tratamiento.
Al ser alimentados con gas natural, el mayor impacto ambiental es la combustión; también impactan la explotación de los yacimientos y la contaminación de aguas y suelos, además del impacto en los ecosistemas por los que pasan los gasoductos.
Además del impacto de combustión y contaminación atmosférica, hay que sumarle pérdida de vegetación, destrucción de biodiversidad, erosión del suelo y disminución de retención de agua.
La instalación de grandes parques eólicos tiene un impacto que recae directamente en la fauna local y el empobrecimiento del suelo.
Dos de los principales problemas de la construcción de embalses y presas son la fragmentación y pérdida de hábitats, y la perturbación a la flora y fauna.
Estos escenarios ponen el enorme reto social, ambiental, económico y político de buscar estrategias que contribuyan a la transición energética sin alterar de manera abrupta las condiciones socioecológicas. Para esto es necesario fomentar lineamientos normativos, técnicos y justos que permitan el ingreso de nuevas fuentes de energía que respondan a las necesidades de acceso, disponibilidad y suministro para el país. Sin embargo, y bajo toda certeza, el camino al que deberíamos adoptar es la disminución del uso de combustibles fósiles para la producción de energía, debido a sus altos impactos sobre el medio ambiente, la salud humana y la realidad como la conocemos.
5. Cultura sostenible
Cultura sostenibleSaber no es suficiente: la sostenibilidad se practica
Cada turbina es también una decisión cultural. Cambiar la matriz energética exige transformar hábitos, ideas de bienestar y formas de habitar el territorio: aceptar los límites planetarios y convertirlos en una nueva manera de prosperar.

“El concepto de sostenibilidad tiene profundas implicaciones para el día a día en las rutinas de la sociedad. Si, por ejemplo, la idea general de ‘bienestar’ en una sociedad determinada está conectada a un estilo de vida de consumo intensivo de recursos, entonces la idea de suficiencia está estrechamente relacionada con una estrategia de sostenibilidad global que acepta los límites planetarios.”
Actualmente se vive un momento que, en realidad, tiene un ánimo bastante angustioso. La mayoría del tiempo se encuentra en noticias caóticas acerca del destino humano y de decisiones que cada vez más parecen ir en contra de lo que se espera como humanidad. Pero, lastimosamente, se trata de un episodio distinto de la humanidad. Se enfrenta al cambio climático, a repensar las ideas de desarrollo más allá de lo económico y, lo más importante, a tener en cuenta los límites que la naturaleza está imponiendo a las actividades humanas.
Sin duda alguna, se puede asegurar que estas ideas, consciente o inconscientemente, generan emociones, pensamientos y decisiones en el día a día. Sin embargo, y aún sabiendo la premura de la situación, las acciones siguen siendo precarias para responder de manera oportuna. Son distintos los informes que cuentan cómo, a pesar de tener mayor conocimiento sobre la situación humana y ambiental, aún cuesta tomar decisiones que se encaminen a lo que se considera lo mejor para la humanidad y el futuro.
Distintas disciplinas del comportamiento se han encaminado a entender el porqué de la falta de decisión, y han encontrado resultados interesantes alrededor del tema. Desde esta perspectiva, se considera que se debe a una egoístitis, mieditis y evititis aguda (perdón a los colegas por esta respuesta tan reduccionista): incomoda renunciar a los deseos e ideas de prosperidad; genera pánico la incertidumbre en que se vive hoy y los límites que esta nos impone, y se quiere mantener el statu quo como seres dominantes por medio de la negación y la evitación.
Es por eso que la situación que se vive ahora, de la cual la humanidad es culpable a pesar de que no se quiera aceptar, implica un cambio cultural. Es necesario repensarse, desde lo individual, cómo se están tomando decisiones, cuáles son las ideas de bienestar y si estas ayudarán a obtener un futuro más próspero para todos. Además, la cultura también tiene parte de recurso e implica generar proyectos, incentivos y mecanismos financieros que permitan que las personas e instituciones contribuyan con sus comportamientos a un mundo más sano.
Equipo CRECE
Referencias
- AES Colombia. (s. f.). Consumo de energía en Colombia: ¿de dónde proviene la energía?
- Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe [CAF]. (2026). CAF y Colombia: una inversión de USD 9.000 millones para transformar el país al 2030.
- International Atomic Energy Agency [IAEA]. (2023). Advances in small modular reactor technology developments.
- International Energy Agency [IEA]. (2024). World energy outlook & geothermal energy tracking report.
- International Energy Agency [IEA] & International Renewable Energy Agency [IRENA]. (2023). Renewable capacity statistics & global renewables outlook.
- Intergovernmental Panel on Climate Change [IPCC]. (2011). Special report on renewable energy sources and climate change mitigation (SRREN).
- La Silla Vacía. (2026). Matriz hídrica colombiana.
- Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. (2024). Programa Ciudades Biodiversas y Resilientes.
- Nabalia Energía. (2018). Energía y medio ambiente.
- Portafolio. (2026). Estas son las regiones que lideran el aumento del consumo de energía ante la llegada de El Niño.
- Rockström, J., et al. (2009). A safe operating space for humanity. Nature, 461, 472–475.
- WWF Colombia. (2022). Un ABC de las energías renovables.
